¿Cómo Ecuador descendió al infierno homicida?

Luis Córdova-Alarcón

Ensayo – Edición digital revista NUEVA SOCIEDAD – Enero 2024

La toma en vivo de un canal de televisión por grupos criminales fue solo la versión espectacular de la espiral de violencia en la que cayó Ecuador. ¿Cómo se llegó a esta situación y qué perspectivas tiene la respuesta del nuevo presidente, Daniel Noboa?

Ecuador ha vuelto nuevamente a los titulares de la prensa internacional, otra vez de la peor manera. En agosto de 2023, el motivo fue el asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio Valencia; ahora, una secuencia de actos criminales con tácticas terroristas, que incluyeron el asalto armado a un canal de televisión en la ciudad de Guayaquil. La jornada que puso en estado de shock al país cerró con la declaratoria de «conflicto armado interno» por parte del presidente de la República, Daniel Noboa, y la identificación de 22 organizaciones criminales como «terroristas». Pero ¿cómo llegó Ecuador a esta crítica situación y cuáles pueden ser sus derivas?

2023 fue el año más violento en la historia del país: 7.878 crímenes, de los cuales apenas 584 han sido resueltos por la justicia. Con una tasa de homicidios que alcanzó la escalofriante cifra de 46 muertes por cada 100.000 habitantes, Ecuador se ubicó como el país más violento de América Latina. Ante una situación tan crítica, se esperaba que el gobierno entrante -que inició su mandato el 23 de noviembre de 2023- llegara con un plan bajo el brazo. Pero no fue así. Aunque Noboa prometió durante la campaña electoral implementar un «Plan Fénix» para garantizar la seguridad, desde su posesión no ha explicado ni cómo ni cuándo lo hará realidad. 

Sobrepasado por las circunstancias, Noboa optó por una conducta evasiva. Tras el triunfo electoral, decidió ausentarse de la escena pública y hacer una gira por Europa con su familia, lo que permitió que todos los reflectores siguieran puestos sobre Guillermo Lasso y su campaña propagandística de salida. 

Visto en perspectiva, Noboa, un joven de 36 años sin experiencia de gestión previa, necesitaba ganar tiempo para resolver tres urgencias: conseguir dinero para cubrir el déficit fiscal, armar su gabinete y afinar su política de seguridad. Pero en retrospectiva, nada de eso logró. Basta revisar su discurso de posesión, al que llegó sin propuestas, sin un gabinete completo y sin un horizonte en materia de seguridad. Siete minutos bastaron para constatar que un inexperto político -hijo de un empresario que intentó una y otra vez llegar a la Presidencia sin éxito- empezaba a gobernar un país que se volvió el más violento de la región. 

Noboa designó a Mónica Palencia, su abogada personal, como ministra de Gobierno. Luego, nombró como ministro de Defensa a Giancarlo Loffredo, un ciudadano cuya única credencial es ser instructor de defensa personal y tiktokero. Para dirigir el Sistema Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de Libertad y a Adolescentes Infractores (SNAI), el organismo encargado de administrar el sistema carcelario, optó por un general del Ejército retirado, y en 11 gobernaciones designó a policías y militares en servicio pasivo. 

Para dos cargos de alta sensibilidad en materia de seguridad optó por dos amigos empresarios: a Arturo Félix Wong, que ya era secretario de la Administración, le encargó la Secretaría Nacional de Seguridad Pública y del Estado, y a Miguel Sensi Contugi lo nombró director del Centro de Inteligencia Estratégica del Estado (CIES). Pero lo hizo recién el 2 de enero; es decir, 41 días después de asumir el mando.

En definitiva, el joven magnate llegó a la Presidencia de la República sin plan de seguridad ni cuadros para implementarlo, pero con una ambición entre ceja y ceja: ganar la reelección en 2025 a toda costa (su mandato es corto, ya que asumió para completar el mandato del presidente saliente tras la «muerte cruzada» decretada por Lasso a fin de evitar un juicio político ).

A pesar de estos tropiezos en la integración de su frente de seguridad, Noboa pareció capear el temporal, básicamente por dos razones: en primer lugar, antes de posesionarse armó una coalición legislativa con el Partido Social Cristiano y Revolución Ciudadana (el movimiento del ex-presidente Rafael Correa). A cambio de cederles a esos partidos el control de la Asamblea Nacional, incluidas las principales comisiones legislativas, el mandatario logró que su primer proyecto de ley económica urgente fuera aprobado a la velocidad del rayo. En segundo lugar, en la madrugada del 14 de diciembre, la fiscal general del Estado, Diana Salazar, encabezó un operativo denominado «Metástasis» para detener a más de 30 personas acusadas de integrar una red de crimen organizado y narcotráfico. Entre los detenidos estaban un juez que ejercía la presidencia del Consejo de la Judicatura y un general de la Policía Nacional que fue director de la SNAI (o sea, encargado de las cárceles del país) y luego jefe antinarcóticos (es decir, responsable de los operativos antidrogas y principal enlace con la Embajada de Estados Unidos). Este «narcogeneral», como lo denominó la fiscal Salazar, ocupó ambos cargos durante el gobierno de Lasso.

En ese contexto se produce la sonada fuga de Alias Fito, el líder de Los Choneros y probablemente el delincuente vivo más famoso del país. Detenido desde 2009 por asesinar a la directora de la Penitenciaría del Litoral (la cárcel más conflictiva de Ecuador), se fugó en 2013, cuando era trasladado a La Roca, una prisión de máxima seguridad inaugurada por el ex-presidente Correa, y fue recapturado meses más tarde. 

Su nombre adquiere relevancia tras la muerte de Jorge Luis Zambrano, alias JL o Rasquiña, en diciembre de 2020. Fito se convierte en el líder de Los Choneros, pero esta organización se fragmenta y empiezan las masacres carcelarias. Desde la primera, en febrero de 2021, hasta la última, julio de 2023, Fito y Los Choneros aparecen como protagonistas de la ola de violencia que comenzó a envolver al país. 

El 12 de agosto de 2023, para desviar la atención del asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio producido tres días antes, el gobierno de Lasso decidió trasladarlo nuevamente a La Roca. Pero no tardó ni diez días en volver a la Cárcel Regional de Guayaquil gracias a una orden judicial. Entonces difundió un videoclip con un narcocorrido compuesto en su homenaje. Una vez más, Fito enrostraba al país su poder desde la cárcel. Por eso, cuando se hizo pública la noticia de su fuga –el 6 de enero–, el gobierno quedó desnudo frente a un país estupefacto. Ninguna autoridad se atrevió a reconocer la evasión del avezado criminal, mientras más de 3.500 militares ingresaban en las cárceles en Guayaquil para escenificar ante las cámaras de televisión que el Estado «retomaba el control» de los presidios. 

El ciclo de violencia criminal, incompetencia estatal y militarización se reactivó. A comienzos de 2024 se iniciaron nuevamente amotinamientos en distintas cárceles del país. La exigencia era que sus líderes no fueran trasladados a otras cárceles. En redes sociales se difundió un video amenazando con una guerra si no se aceptaban sus demandas. 

Envalentonado, el lunes 8 de enero por la tarde el presidente decretó el estado de excepción en todo el territorio nacional, y por la noche se desató la vorágine: coches incendiados en la vía pública, secuestro de guías penitenciarios, incendios provocados dentro y fuera de las cárceles. Con la luz del día, el espectáculo criminal adquirió más visibilidad y, al mismo tiempo, quedó en evidencia la incompetencia estatal: Fabricio Colón Pico, uno de los cabecillas de Los Lobos, también se había fugado, junto con otras decenas de personas, de la cárcel de Riobamba. Colón Pico había sido capturado 48 horas antes de su fuga, luego de que la fiscal general del Estado lo señalara como ejecutor del asesinato de Villavicencio y organizador de un atentado en su contra. Todo esto ocurrió bajo el estado de excepción.

El martes, durante el noticiero del mediodía, TC Televisión sufrió un asalto criminal que se transmitió en vivo y en directo, con su equipo periodístico sometido y vejado por delincuentes armados ante la conmoción generalizada. Como ocurrió con el asesinato de Villavicencio, las imágenes de este hecho dieron la vuelta al mundo. Por la tarde, el gobierno emitió otro decreto ejecutivo declarando el «conflicto armado interno» y convirtiendo a 22 grupos criminales en «objetivo militar». Así, Noboa empezó a sentir el calor abrasador del infierno homicida en que se ha convertido este país andino.

Para tratar de comprender lo que está ocurriendo, propongo diferenciar analíticamente tres variables dependientes: la violencia letal (su frecuencia y visibilización), las economías ilícitas (entre las que se destaca el narcotráfico) y los grupos de crimen organizado (pandillas carcelarias, callejeras y estructuras mafiosas incrustadas en el Estado que operan también en la economía formal). Para explicar su interacción, usaré como evidencia piezas hemerográficas y judiciales. Hace años, Richard Snyder y Angélica Durán Martínez se preguntaron por la relación entre mercados ilícitos y violencia. Argumentaron que cuando se configuran redes de protección extorsiva patrocinadas por el Estado, los niveles de violencia letal en los mercados ilícitos son bajos. En cambio, cuando estas redes se rompen, la violencia letal se dispara.

¿Ocurrió algo así en Ecuador? La evidencia hallada induce a pensar que sí. Demos algunos datos: el 6 de junio de 2016, en Washington, DC, la Agencia para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) condecoró al ministro del Interior del entonces presidente Correa, José Serrano, por los «extraordinarios resultados» obtenidos por la política antinarcóticos de Ecuador. El comunicado oficial mencionaba 332 toneladas métricas de droga capturadas desde 2010 y 305 bandas de narcotraficantes desarticuladas. La propaganda gubernamental no escatimó esfuerzos para celebrar el evento.

Diez meses después, en abril de 2017, la Policía colombiana capturó a Washington Prado Álava, alias Gerald, conocido en el país vecino como el «Pablo Escobar ecuatoriano». Entonces se hizo pública su historia. Gerald se había iniciado como lanchero al servicio de la banda Los Rastrojos, en 2004. Para 2010, la mayoría de los cabecillas habían sido capturados y Gerald tomó control de las rutas marítimas desde Manabí y Esmeraldas. Se alió con Los Choneros y logró traficar más de 250 toneladas métricas de droga desde el litoral ecuatoriano hacia Estados Unidos entre 2013 y 2017, a través de un sofisticado sistema de trasborde marítimo.

En otras palabras, en el mismo periodo en que el gobierno de Correa y el vicepresidente Jorge Glas Espinel lograba los «mejores resultados» en su lucha antinarcóticos –según la DEA–, la organización criminal de Los Choneros también lograba expandirse y consolidarse hasta convertirse en la mayor organización narcotraficante ecuatoriana. El gobierno y el crimen organizado salieron ganando. 

Uno de los mejores investigadores del problema carcelario en Ecuador, el antropólogo Jorge Núñez, argumenta en el mismo sentido. Según sus investigaciones, Los Choneros se fortalecen dentro de las cárceles gracias a que la inteligencia policial transaba con miembros de las pandillas información a cambio de prebendas. La Unidad de Inteligencia Penitenciaria, creada en 2014, se volvió pieza clave de la inteligencia antinarcóticos para la Policía Nacional. Reclutaron a los cabecillas de las organizaciones criminales como informantes y Fito fue uno de ellos. 

Esto no desvirtúa que durante el gobierno de Correa también se implementaron políticas de seguridad ciudadana que combinaron estrategias punitivas con medidas de prevención social para reducir la violencia. Pero el aumento o disminución en la frecuencia o visibilización de la violencia letal no es lo mismo que la expansión o contracción de economías ilícitas tan rentables como el narcotráfico.

La evolución de la tasa de homicidios en Ecuador muestra una disminución excepcional entre 2009 y 2016, pasando de 18,7 a 5,8 muertes por cada 100.000 habitantes, respectivamente. Pero desde 2019 la tendencia se invierte. Por tanto, entre 2017 y 2018 hay un punto de quiebre que demanda una explicación. ¿Qué ocurrió en ese periodo? Siguiendo la tesis de Snyder y Durán Martínez, la red de protección extorsiva patrocinada por el Estado se rompió y la violencia criminal se desató. 

Revolución Ciudadana vuelve a triunfar con el binomio integrado por Lenín Moreno y Jorge Glas Espinel. En enero de 2017 arranca su mandato. A mediados de año, Moreno rompe con el correísmo y en noviembre se inicia el enjuiciamiento penal del ex-vicepresidente Glas, acusado por asociación ilícita en el caso Odebrecht. En diciembre del mismo año fue sentenciado a seis años de cárcel (más tarde tendrá otras dos sentencias por delitos más graves, pero en 2022 recuperó su libertad gracias a una operación judicial financiada por el narcotraficante Leandro Norero). En enero de 2018, con Glas en la cárcel, estalla una violencia criminal inédita hasta entonces en el país.

Alias Guacho, líder del Frente Oliver Sinisterra, un grupo residual de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que operaba en la frontera Norte de Ecuador, puso un coche bomba en el cuartel policial de San Lorenzo, provincia de Esmeraldas, el 27 de enero de 2018. Dos meses más tarde, fuentes oficiales colombianas informaron a Ecuador que el mismo grupo criminal había secuestrado a un equipo periodístico de diario El Comercio. En medio de la opacidad absoluta del gobierno ecuatoriano, los tres periodistas fueron asesinados. 

Hasta entonces, estos hechos eran incomprensibles para la sociedad que los miraba con estupor. Sin embargo, en octubre de 2018, Policía y Fiscalía ejecutan el operativo «Camaleón», en cuyo marco realizaron siete allanamientos en cuatro provincias, incluidas las oficinas de la Comandancia del Ejército ecuatoriano. Así, desarticularon una red de militares en servicio activo y civiles que traficaban armas, municiones y explosivos hacia los grupos criminales de la frontera Norte: uno de ellos, el Frente Oliver Sinisterra. 

Con estos actos de terror, la organización de alias Guacho exigía a sus contrapartes estatales que cumplieran sus compromisos, algo que ya no podían hacer con impunidad desde que Glas y varios de sus secuaces perdieron poder político. Ahora se sabe, por ejemplo, que Rasquiña (el líder histórico de Los Choneros) y Glas compartían el mismo abogado: Harrison Salcedo, asesinado en abril de 2021 por un sicario.

El nexo crimen-Estado en el contexto latinoamericano ha sido bien estudiado por Alejandro Trejo y Sandra Ley. Estos politólogos reconceptualizan esta relación bajo el concepto de «zona gris de criminalidad»: un área que surge en la intersección de dos conjuntos, el de los criminales y el de los agentes estatales. Argumentan que, conforme un régimen político se vuelve autoritario, esta zona gris de criminalidad crece y se consolida precisamente para garantizar la estabilidad del régimen. 

Durante el gobierno de Correa-Glas (2013-2017) esta «zona gris de criminalidad» se expande. El libro de Juan Carlos Calderón, Después olvidarán nuestros nombres, muestra hasta qué punto se instrumentalizaron los aparatos de seguridad para fines criminales. Y durante los gobiernos de Moreno y Lasso no se hace nada por mitigar esta situación. Cambian los nombres de los funcionarios y los criminales implicados, pero no las reglas informales de estos pactos mafiosos que se lubrican con dinero sucio proveniente del narcotráfico. 

Una muestra concreta de aquello es la industria criminal del «narcobanano». La revista digital Plan V documentó el caso de narcobanano más emblemático, en diciembre de 2019. Este se vincula con Arbër Çekaj, un albanés dedicado a la exportación de banano desde Ecuador y Colombia hacia Europa. A pesar de que en 2015 fue acusado de contaminar cajas de banano con cocaína, siguió exportando la fruta hasta 2018 por la misma ruta desde Ecuador. El artículo citado sostiene que «Çekaj registró la empresa Arbri Garden en mayo de 2012 y rápidamente comenzó a mandar bananos de Ecuador a Albania. Según los registros de exportaciones de Arbri Garden, el albanés llevó banano a su país a través de 18 empresas ecuatorianas exportadoras de esta fruta». Y añade que el albanés «fue un hombre de bajo perfil hasta el 28 de febrero de 2018. Ese día la Policía albanesa emitió una orden de arresto contra Çekaj, después de que se hallaran 613 kilos de cocaína en uno de sus cargamentos».

El 31 de marzo de 2022, el portal digital La Posta hizo público un video en el que se negociaba el cargo de viceministro de Agricultura por 2.800.000 dólares. El 21 de julio de 2022, la Policía hizo allanamientos en cuatro provincias para detener a ocho personas integrantes de una red criminal dedicada a vender cargos en entidades públicas como el Servicio Nacional de Aduanas del Ecuador (SENAE). Una de las viviendas allanadas fue la del político Juan José Pons, quien fungía de consejero ad honorem de Lasso en la Presidencia de la República. El comunicado de la Fiscalía señaló que ofrecieron cerca de tres millones de dólares por la Subdirección de Operaciones de Aduanas. Ese monto iba a ser financiado por los exportadores a cambio de que pudieran cobrar favores en el futuro, concluyó la Fiscalía. La principal industria de exportación ecuatoriana era así avasallada por los tentáculos del crimen organizado. 

Este es otro factor que alimenta la espiral homicida, y ningún gobierno atina a enfrentarlo con eficacia. Menos aún el de Noboa, cuya familia es dueña de la mayor exportadora de banano ecuatoriano. 

Recientemente, Andreas Feldmann y Juan Pablo Luna han dado en el clavo al sugerir la importancia de repensar la relación entre las instituciones y el modelo de desarrollo de los países latinoamericanos, ya que los periodos de crecimiento económico pueden encubrir una «trampa del desarrollo de la economía ilícita», tal como ha ocurrido en el caso ecuatoriano. Como se observa, ni el desmontaje institucional en el sector de la seguridad ni las políticas de ajuste fiscal explican completamente la ola de violencia homicida que consume al país. La violencia letal y la grave criminalidad que abrasa al Ecuador son un fenómeno social complejo, dinámico y entrópico, que exige más investigación empírica y desapasionamiento ideológico. 

La declaratoria de «conflicto armado interno» por parte del presidente Noboa encaja como anillo al dedo con la estrategia que ha preparado el Pentágono desde que Lasso propusiera a la Casa Blanca la necesidad de un «Plan Ecuador» el 8 de junio de 2022. En diciembre del mismo año, el Congreso de Estados Unidos aprobó la «Ley de Asociación Ecuador-Estados Unidos» para que en el plazo de 180 días el Departamento de Estado diseñara una estrategia de intervención para el país sudamericano. En ese marco, a mediados de 2023 se instaló un Grupo de Trabajo Bilateral de Defensa entre ambos países, que resultó en un acuerdo para invertir más de 3.100 millones de dólares en el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas ecuatorianas. El acuerdo se implementará en un plazo de siete años, hasta 2030. Finalmente, en octubre de 2023, el canciller ecuatoriano y el embajador de Estados Unidos firmaron el «Acuerdo relativo al Estatuto de las Fuerzas», que establece los privilegios, subsidios y condiciones que tendrá el personal del Departamento de Defensa y sus contratistas extranjeros en territorio ecuatoriano.

Así, el último ciclo de violencia criminal abrió una ventana de oportunidad para que el alto mando de las Fuerzas Armadas y la Embajada de Estados Unidos modifiquen el escenario estratégico en su favor. Con la declaratoria de «conflicto armado interno», las Fuerzas Armadas asumen la dirección del Estado, subordinan a la Policía Nacional y cierran el paso a los cuestionamientos sobre sus miembros por la infiltración del crimen organizado. El 11 de enero, la Corte Constitucional aprobó el dictamen favorable para el acuerdo, mientras el Departamento de Estado anunció la llegada a Quito de una delegación del más alto nivel para coordinar su implementación. 

En estas circunstancias, la declaración de «conflicto armado interno» está generando el efecto deseado por las elites económicas y la derecha neoliberal para anclar la gobernabilidad en una total liberalización de la economía, en el marco de una progresiva militarización de la sociedad. 

Si estos planes surten efecto, Noboa puede convertirse en una suerte de «Bukele sudamericano» y prologar su mandato como tanto desea. Por ahora, ha ofrecido dos cárceles al estilo salvadoreño y pretende imponerse a sangre y fuego con el aplauso de una sociedad atemorizada por la «amenaza terrorista». Pero con las fuerzas de seguridad contaminadas por el crimen organizado, solo queda una certeza: a la violencia criminal le seguirá la violencia política. Y Ecuador no saldrá de la espiral de violencia que lo azota. 

Este ensayo fue publicado originalmente en la edición digital de la Revista Nueva Sociedad, Enero 2024.

Luis Córdova: «el poder militar es el que está decidiendo para dónde va el país» [Entrevista_PlanV]

Para el experto en seguridad y defensa, la declaratoria de conflicto interno armado es un error jurídico, pero es una estrategia política del Gobierno que busca responder a la crisis de inseguridad y, también, mejorar la imagen de las Fuerzas Armadas y la Policía propalando que no están infiltradas por el enemigo que acaba de declarar. El poder civil también sale lesionado, al igual que la Policía, frente a la preponderancia de los militares.

La ENTREVISTA COMPLETA

Análisis sobre la crisis de seguridad en «Los Irreverentes»

Luis Córdova participó en el programa «los Irreverentes», este lunes 8 de enero, analizando la fuga de alias Fito y la crisis de seguridad desatada.

¿Por qué el presidente Biden liberó a Alex Saab?

Luis Córdova-Alarcón

Comentario. Semáforo en Rojo No. 42. Diciembre 27, 2023.

La semana pasada, el Presidente Biden excarceló a Alex Saab y lo intercambió por 30 ciudadanos detenidos en Venezuela, entre ellos, diez estadounidenses; y Leonard Glenn Francis, alias «Fat Leonard», el contratista de defensa que corrompió a la 7ma. Flota de la Marina de los EE.UU.(Kanno-Youngs et al., 2023). 

Las negociaciones para el intercambio de prisioneros entre EE.UU. y Venezuela se produjeron gracias a la mediación de Qatar (Voz de América, 2023).

Según el Consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, la principal motivación del gobierno fue «frenar la migración venezolana». Según Kirby, devolver a Saab era una de las principales condiciones del gobierno venezolano para seguir dialogando con la oposición, con miras a un nuevo proceso electoral. EE.UU. confía en que las elecciones democráticas frenarán la migración venezolana.

El argumento parece plausible pero no lo es, porque oculta la mitad de la historia: cómo Venezuela llegó a tener «monedas de cambio» suficientemente importantes para lograr la liberación de Alex Saab.

La respuesta hay que buscarla en la conducta ambivalente de la Casa Blanca frente al régimen venezolano. Con Trump, máxima presión; con Biden, distención.

Las intentonas golpistas auspiciadas por la Administración Trump dejaron una estela de ciudadanos estadounidenses presos en Venezuela. Entre el 2017 y el 2020 Venezuela apresó a más de una docena de estadounidenses. Y sus familiares han presionado insistentemente a la Casa Blanca para negociar su liberación.

Para muestra un botón: dos ex boinas verdes contratados como mercenarios para llevar a cabo la «Operación Gadeón» (CNN Español, 2023), que fracasó en mayo de 2020, y que tenía por propósito la captura de Nicolás Maduro, según confesó su organizador (Pressly, 2020).

Todos los reflectores mediáticos apuntan a Alex Saab, el testaferro de Nicolás Maduro, pero poco o nada se ha dicho sobre «Fat Leonard», a pesar de la importancia que reviste para el militarismo corrosivo que campea en Whashington. Miremos algunos aspectos claves de su historial criminal para dimensionar su importancia en la negociación de prisioneros.

Durante la administración de George W. Bush (2000-2008) y parte de la de Barak Obama, la cúpula de la 7ma Flota de la Marina de los EE.UU. –encargada del patrullaje estratégico en el Indopacífico– fue corrompida por un contratista de defensa con sede en Singapur (Whitlock & Uhrmacher, 2018).

Se trata de Leonard Glenn Francis, alias «Fat Leonard», un malasio de 51 años y 350 libras de peso que sedujo a la oficialidad de la Marina a través de regalos suntuosos, viajes de lujo, cenas épicas, prostitutas y un esquema de sobornos en efectivo que superaron los USD 35 millones de dólares, para que miraran hacia otro lado mientras estafaba a la Marina de los EE.UU. (Whitlock, 2016).

A principios del siglo XXI, su empresa, Glenn Defense Marine Asia, ya tenía más de 50 contratos con la marina de EE.UU., Reino Unido, México, India y Holanda.

Pero su audacia no conocía límites. Según los expedientes judiciales, durante más de un año «Fat Leonard» sobornó al agregado naval de EE.UU. en la Embajada de Manila, para que le permitiera introducir mercancías de contrabando a Filipinas, bajo cobertura diplomática (Whitlock, 2017).

Además, «Fat Leonard» sobornó a un marino del servicio de inteligencia naval para que le entregara «información clasificada sobre los movimientos de buques de la Armada, incluyendo los puertos que tenían que visitar, etc.»(Whitlock, 2016).

En septiembre de 2013 fue capturado por agentes federales. Se declaró culpable y con él cayeron más de 20 oficiales de la Marina, incluyendo tres Almirantes.

Pero el 4 de septiembre de 2022, «Fat Leonard» cortó el grillete electrónico que lo limitaba y huyó hacia México. Viajó a Cuba y aspiraba llegar a Rusia, con una escala en Caracas. Sin embargo, fue detenido por el servicio de inteligencia venezonalo, el SEBIN.

Nicolás Maduro sabía que con «Fat Leonard» su capacidad de negociación crecía exponencialmente, y el tiempo le dió la razón. Recuperó a su testaferro más eficaz gracias a la torpe política de la Casa Blanca.

Trabajos citados:

CNN Español. (2023, December 20). Lo que sabemos de los estadounidenses que liberó el Gobierno de Venezuela . CNN Español. https://cnnespanol.cnn.com/2023/12/20/liberados-estadounidenses-venezuela-lo-que-sabemos-orix/

Kanno-Youngs, Z., Glatsky, G., & Jakes, L. (2023, December 20). Alex Saab queda libre a cambio de la liberación de 10 estadounidenses en Venezuela. The New York Times. https://www.nytimes.com/es/2023/12/20/espanol/alex-saab-libre-venezuela-maduro.html

Pressly, L. (2020, August 13). Cómo se planeó la Operación Gedeón, la fallida “misión suicida” que buscaba capturar a Nicolás Maduro. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-53710482

Voz de América. (2023, December 21). Estadounidenses liberados por Venezuela en intercambio de prisioneros llegan a base de Texas . Voz de América. https://www.vozdeamerica.com/a/estadounidenses-liberados-por-venezuela-en-intercambio-de-prisioneros-llegan-a-base-de-texas/7406871.html

Whitlock, C. (2016, May 27). The man who seduced the 7th Fleet. The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/sf/investigative/2016/05/27/the-man-who-seduced-the-7th-fleet/?itid=lk_inline_manual_2

Whitlock, C. (2017, June 17). How ‘Fat Leonard’ bribed the Navy to get U.S. diplomatic immunity. The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/investigations/how-fat-leonard-bribed-the-navy-to-get-us-diplomatic-immunity/2017/06/16/be4fd53c-5204-11e7-b064-828ba60fbb98_story.html

Whitlock, C., & Uhrmacher, K. (2018, September 20). Prostitutes, vacations and cash: The Navy officials ‘Fat Leonard’ took down. The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/graphics/investigations/seducing-the-seventh-fleet/?itid=lk_inline_manual_14

Un lanzafuego en la Embajada de los Estados Unidos

Luis Córdova-Alarcón

Comentario. Semáforo en Rojo No. 40. Diciembre 10, 2023.

Como el artista de circo que simula expulsar fuego por la boca, el embajador de los Estados Unidos de América, Michael J. Fitzpatrick, volvió a realizar explosivas declaraciones con gran impacto mediático.

No es la primera vez que actúa como un lanzafuego. Lo hizo en diciembre de 2021 cuando habló de «narcogenerales» sin precisar nombres. Luego, en diciembre de 2022, cuestionando a la administración de justicia. Y ahora, repitiendo lo que todos saben y dicen desde hace años: que la economía formal del Ecuador es una gigantesca lavandería de dinero sucio. 

Que un jefe de misión diplomática asuma un rol político descarado no solo es una violación al artículo 41 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas: «no inmiscuirse en los asuntos internos de ese Estado» (Lo que equilave a continuar atropellando el «estado de derecho» que tanto parece preocuparle al Embajador Fitzpatrick). También es un claro síntoma del proceso de vaciamiento democrático que experimenta el país.

Que la “visa americana” se haya convertido en indicador de honorabilidad ciudadana, es tan pertubador para una democracia menguante, como ver al líder de Los Choneros escoltado por un oficial de Policía, mientras anuncia una paz mafiosa desde la cárcel https://tinyurl.com/34w2tv84.

Cuando los actores externos al sistema político logran más influencia que los internos, es el sistema el que experimenta una profunda recesión democrática.

En este círculo vicioso de deslegitimación estatal, los «medios de comunicación» y las «redes sociales digitales» juegan un rol protagónico.

El Embajador Fitzpatrick lo sabe muy bien y su proceder es premeditado: en 2021 provocó una crisis institucional en la Policía, dándole un espaldarazo a la Comandante de aquel entonces: Tania Varela, quien había bloqueado el ascenso de varios coroneles. 

En diciembre de 2022 gatilló el framing comunicacional para la campaña política de la Consulta Popular sobre la extradición, que fue rechazada por los electores el 5 de febrero de 2023.

Ahora lo hace justo cuando inicia el proceso de Juicio Político contra la Fiscal General, Diana Salazar, a quien el Departamento de Estado premió como «campeona anticorrupción» en febrero de 2021 https://tinyurl.com/y5nbwtzh.

En fin, lo importante no es sólo lo que dice el Embajador Fitzpatrick, sino cuándo lo dice.

Pero nada de esto sería posible sin el blindaje mediático que se le concede al representante de los Estados Unidos, para que hable con la superioridad moral propia de un Virrey.  

¿Qué se ha dicho en Ecuador sobre la trama de sobornos en la que está implicado ex Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Bob Menéndez, acusado de recibir coimas  a cambio de favorecer interés de ciertos países https://tinyurl.com/3nkfjmzf? ¿Acaso no fue con este oscuro personaje que el ex presidente Lasso acordó una serie de compromisos, gracias a la gestión del Embajador Fitzpatrick y la Embajadora Ivonne Baky https://tinyurl.com/22t92c37? ¿Acaso no fue Bob Menéndez el mentalizador de la Ley de Asociación Ecuador–EE.UU., que ya está implementándose?

¿Podría el Embajador Fitzpatrick hablar tan suelto de huesos sobre democracia y buen gobierno, si los ecuatorianos supieran que solo en el año 2022 el gobierno de los Estados Unidos vendió armas al 57 por ciento de los regímenes autoritarios del mundo https://tinyurl.com/28nkytpe?

Mientras el Embajador Fitzpatrick critica a los corruptos en Ecuador, el gobierno al que representa –el del Presidente Biden– apoya a los corruptos en Israel. Acosado por graves acusaciones https://tinyurl.com/56xsnupc, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, impulsó una reforma judicial para evadir la justicia y seguir en el poder https://tinyurl.com/323vp567.

Ni qué hablar sobre los compromisos de EE.UU. con la paz y la seguridad mundial.

El 7 de diciembre el Embajador Fitzpatrick deseaba que la paz sea una realidad cotidiana para Ecuador https://tinyurl.com/yc265m4m. Sin embargo, su gobierno no aspira lo mismo para los palestinos. Al día siguiente, EE.UU. fue el único en vetar una resolución del Consejo de Seguridad que pedía un alto al fuego humanitario inmediato en Gaza https://tinyurl.com/5n8wx7mz. Al parecer, la paz que gusta al gobierno de EE.UU. es la de los cementerios.     

¡Caray, caray, qué contrariedad!

Presentación del documental «Los Choneros: dos décadas de violencia» [EVENTO]

Este jueves 23 de noviembre de 2023 se presentará el documental producido por Revista PlanV, seguido de un conversatorio en el que participarán:

Juan Carlos Calderón, director de PLANV

Luis Córdova, director del programa de investigación «Orden, Conflicto y Violencia» de la UCE

Susana Morán, investigadora de PLANV

Sebastián Rodríguez, de FLACSO-Ecuador, actuará como moderador.

La diplomacia como herramienta de la política exterior: análisis del affair Assange Capítulo 12

Autor: Luis Córdova-Alarcón

Año: 2023

Capítulo de Libro: La política exterior de los Estados latinoamericanos: enfoques, metodologías y casos. Raúl Salgado, coordinador. Quito: Editorial FLACSO-Ecuador, pp. 319-357

Introducción:

El análisis de política exterior (APE) se caracteriza por estudiar cómo se elabora este tipo de políticas. Pero entre las decisiones y las acciones que finalmente se ejecutan existe una brecha (implementation gap) que no siempre se toma en cuenta. Se ha descuidado este elemento en la literatura especializada, a pesar de constituir el punto crítico para lograr el éxito o el fracaso de la política. Con este capítulo se contribuye a llenar ese vacío. No abarca todo el proceso de implementación. Centra su atención en la diplomacia como herramienta de política exterior y la utiliza como divisa teórica para explicar un caso reciente de la política exterior ecuatoriana: el denominado affair Assange.

Hay dos formas de aproximarse al estudio de cómo se implementa la política exterior (Brighi y Hill 2012). Se puede atender la relación entre principios, fines y medios –lo que aquí se aborda– o enfocarse en la relación del actor estatal con su entorno internacional. Ambas aproximaciones se vinculan estrechamente con el arte de gobernar, o statecraft, y el arte de crear poder, o estrategia (Freedman 2016). La articulación entre principios, fines y medios no es mecánica; implica sincronización y calibración de un conjunto de instrumentos con una buena dosis de inteligencia contextual (Nye 2008, cap. 4). El desempeño operativo de los ejecutores de la política exterior es un factor clave. En este sentido, statecraft, estrategia e implementación conforman una triada analítica que no hay que perder de vista.

Desde la perspectiva del APE, la diplomacia se relaciona con los medios que utilizan los tomadores de decisión para alcanzar sus propósitos. Sin embargo, no hay consenso sobre el rol que cumplen. Es común clasificar los instrumentos de política exterior en cuatro categorías: políticos, militares, económicos y culturales. El pionero en esta categorización fue Harold Lasswell (1945). Mientras Lasswell (1945), Baldwin (1985) y Hill (2016) identifican a la diplomacia con los instrumentos políticos, Deibel (2007), siguiendo a Morgenthau (1954), considera a la diplomacia como el instrumento principal o de coordinación del resto de instrumentos. En cambio, Mastanduno (1999) reconoce solo tres categorías de instruments of statecraft: diplomáticos, económicos y militares. A diferencia de Morin y Paquin (2018) que ubican los instrumentos en un rango que va desde la diplomacia hasta la fuerza militar, clasificándolos en tres categorías: (i) socialización, (ii) coerción y (iii) intervención, según se dirijan hacia el mantenimiento o modificación de ideas, intereses o la estructura política doméstica del Estado extranjero, respectivamente.

Como lo advierten Constantinou y Sharp (2016, 18), discernir si la diplomacia es un instrumento (¿al servicio de quién?), un medio (¿con qué propósitos?) o una combinación de ambos es algo que al mainstream de las RR. II. no le interesa. La persistencia de este vacío perjudica principalmente a los Estados débiles y periféricos, ya que la diplomacia se presenta como su mejor herramienta de política exterior o, incluso, como la única opción. A sabiendas de que los Estados fuertes y centrales, cuentan con poderío económico y músculo militar suficientes para instrumentalizarlos en su política exterior.

¿Cuál es la relación de la diplomacia con la política exterior? ¿Cómo analizar un fenómeno diplomático desde el APE? Para responder estas preguntas, se propone un aparato conceptual integrador de la diplomacia que facilita su análisis empírico. En especial, se conceptualiza la diplomacia como herramienta de política exterior. Al hacerlo se contribuye en un doble sentido. Por un lado, se clarifican las opciones estratégicas de los Estados al momento de diseñar su política exterior. Por el otro, brinda un versátil marco analítico para explicar la política exterior cuando no se basa en el uso de la fuerza.

Para validar el aparato conceptual empíricamente, se aborda como caso de estudio un segmento del affair Assange usando el análisis contrafáctico desde la teoría de conjuntos (Mahoney y Barrenechea 2017), la secuenciación y process tracing. Los datos se obtuvieron de cuatro fuentes: archivos de prensa digitalizados (se revisaron tres diarios ecuatorianos: El Telégrafo, El Universo y El Comercio, y uno británico: The Guardian), documentos oficiales de la cancillería de Ecuador, informes de investigación periodística y dos entrevistas semiestructuradas a testigos directos de los eventos que se relatan.

El capítulo se estructura de la siguiente manera. En la segunda sección se conceptualiza la diplomacia como herramienta de política exterior, identificando sus instrumentos y modalidades de uso. Con este marco teórico-conceptual, en la tercera sección se realiza un análisis contrafáctico del affair Assange para explicar por qué el gobierno de Rafael Correa le concedió asilo a Julian Assange, en agosto de 2012. La última sección se destina a las conclusiones, poniendo en perspectiva los hallazgos realizados.